viernes, 30 de diciembre de 2011

EFÍMERO

-¡No!- el ave cayó.
En tan sólo un instante, tan fugaz, tan efímero, y tan eterno al mismo tiempo. El sonido de la escopeta aún se podía sentir, aún te podía herir; y luego un silencio se apoderó de el lugar.
El silencio, mi voz más fuerte en ese momento.
Me quede parada frente al ave herida, sin poder hacer nada, mi cuerpo no me respondía.¡Ayúdale! me dije, pero mi cuerpo no me respondía, ¡Ayúdale!, pero nada.
Mi hermano llegó, se acercó al ave, y la cogió entre las manos; yo seguía sin moverme, me miró y silencio se hizo más profundo.
Hay acciones, hay palabras, que hablan con un lenguaje de silencio, pero que llevan con sigo un mensaje eterno, y un profundo sentimiento. Yo lo comprendí por fin, mirando al ave muerta, mirando a mi hermano en su silencio.
En mi mente aparecieron las imágenes de esos días, en que un ave hermosa volaba por el cielo, por un cielo azul; y ahora sólo nubes negras que sueltan lagrimas, y un ave muerta en las manos de mi hermano.

Stephanie  M. Roncal Cotrina