lunes, 16 de junio de 2014

¿Por qué leer?

Daniel Penac escribía: “Nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir” Aunque suene algo ambiguo, no podría haber tenido más razón al decir esto. Las personas tenemos una infinidad de motivos para leer. Algunos todavía no han tenido la dicha de descubrirlas y otros ya gozan de ellas. La lectura es eso que nos lleva a conocer distintas partes del mundo exterior como del interior. En estos tiempos donde lo “útil” reina sobre todas las cosas es importante respondernos la pregunta planteada al inicio de este texto. Leer ¿para qué? ¿Por qué? Las personas hemos nacido con ese gran don de querer descifrar, leer, lo que está a nuestro alrededor; entender las señales que hay en el mundo. Ya que este es el libro universal que se nos ha dado y tenemos ese impulso de querer saber que hay más allá. Es este mismo impulso lo que nos lleva a querer adentrarnos dentro de otros mundos, de vivir más allá de lo que nos limita la sociedad o nuestros propios pensamientos. Adentraros a un lugar donde la soledad encuentra su espacio y es aliviada para dar paso a experiencias increíbles.  


Leer para saber, para aprender y cultivarnos, para informarnos o distraernos, para entender a las personas y descubrirnos a nosotros mismos, para olvidar el pasado e iluminar el presente, para mejorar el vocabulario o para no tener alzhéimer. Estos motivos, algunos prácticos y otros admirables hacen de cada libro un acto de rebeldía y resistencia. Las personas que leemos nos rebelamos contra la insensibilidad, la ignorancia, contra el miedo y contra el paso del tiempo, porque al leer morir se vuelve algo lejano, hemos vivido más vidas que muchas personas que jamás han abierto un libro.
Leer por placer, porque el deseo de más vida se convierte en algo indispensable para algunas personas. Leer y luego incentivar a que otras personas lo hagan también es una de las formas de amor más puras que hay; pero incentivar sin recaer en lo obligatorio. El verbo leer no soporta el modo imperativo. Porque el placer no debe convertirse en dolor, al igual que el amor. 
La letra debe entrar con hambre y no con sangre. Y el mundo se convertirá en el hogar de lectores aguerridos y valientes, que no tengan miedo de saltarse paginas o de abandonar libros empezados, de leer en voz alta o huir a la soledad, de hojear o releer, de practicar la poligamia libresca sin tener miedo. De formar lectores que sean capaces de cambiar el mundo y hacer que un libro hable a través de ellos.  Un libro solo tiene una función: hacernos felices. Y descubrir esa felicidad está en nuestras manos. Explicar la increíble emoción  que se siente al abrir un libro que estabas esperando leer con ansias no se puede escribir en unas cuantas líneas. Es una sensación que cada persona tiene derecho a experimentar por si sola.  Leemos para saber que estamos vivos y vivir más. Para descubrir otros mundos y construir uno propio. Leemos para imaginar, refugiarnos, explorar, soñar, crecer. Lee, tú, por el simple hecho de ser feliz. 

¿Cuáles son sus razones para leer?